Terapia de pareja…Cuando el “nosotros” se pone en modo avión…

¿Sabías que, de media, las parejas tardan entre 6 y 7 años en acudir a terapia desde que aparecen los primeros conflictos serios? ¿Se te ocurre alguna otra situación vital donde esperar tanto sería una buena idea? Seguramente no esperarías tanto para cualquier otro problema de salud…Pero en el amor, nos volvemos valientes, incluso temerarios…

Las parejas no llegan a terapia “tarde” porque no les importe la relación, sino porque hay mucho miedo: a remover lo que duele, a escuchar lo que no gusta, a aceptar que el amor no basta si no se cuida. Y también hay prejuicios: que si eso es para gente al borde del divorcio, que si te van a decir que dejes a tu pareja, que si la psicóloga va a estar a favor de uno y en contra del otro (nunca lo hacemos, aunque a veces uno crea que sí).

En terapia de pareja no se juzga, se observa lo que pasa entre dos personas que un día se eligieron y hoy no saben cómo reencontrarse. A veces, se han convertido más en compañeros de piso que en amantes, en padres que solo hablan de los niños, o en expertos en sarcasmo defensivo…Te suena?

La terapia no es el final del camino, en cambio, puede ser el giro inesperado del guion. Un espacio donde reaprender a comunicarse sin gritar ni callar, donde entender por qué se repite ese bucle una y otra vez, y poner nombre a lo que duele: el desamor silencioso, la desconexión, el “ya no sé cómo acercarme sin que me muerdas”. También es un lugar para reconocerse de nuevo, descubrirse en esta versión actualizada del otro que ya no es el mismo de hace 10 años. Porque tú tampoco lo eres. Y no pasa nada.

¿Y si resulta que todavía os queréis, pero estáis hablando dos idiomas distintos? Pues para eso está la terapia, para ayudaros a traduciros. No se trata solo de salvar la relación, sino de saber si vale la pena cuidarla, si aún hay un “nosotros” por construir. Porque el amor no es magia, es mantenimiento.

Así que, si llevas tiempo pensando que “algo se ha roto” o que “esto ya no es lo que era”, no lo dejes para cuando la relación esté perdida. A veces, con tiempo, ganas y un buen terapeuta, se puede encender otra vez la chispa sin tener que incendiar la casa.

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